Y si necesitas utilizar los dos scripts, este es el codigo entero: Yo, tóxica.

sábado, 1 de julio de 2017

Love Indiana o el fascismo.

Logró salvar solo uno, aunque había pasado la noche planeando la posibilidad de salvarlos todos. Eran muchos, demasiados. Si aquello tenía algún parecido con la realidad bradburyana que había encontrado en la juventud, no era coincidencia. Más bien era coyuntura.

La expropiación del banco llevó a la destrucción física de un archivo entero de libros financiados por el grupo anterior. Todos tirados al vertedero, a la montaña de basura que rodeaba la ciudad. Intentó pelear por ellos, la acusaron de fascista. Resolvió aprovechar la hora del almuerzo. Se abría una brecha en el tiempo/espacio, un agujero negro en la burocracia.

Lo hizo. Logró salvar solo uno. Un catálogo de muestra de R. Indiana, con una colorida portada de su reconocida obra LOVE.


viernes, 30 de junio de 2017

Álbum de familia

III. El fotógrafo.




El hijo natural de una leprosa, mi abuelo. El niño que nació en Cabo Blanco . El niño criado por gentes que no eran su sangre. 
El adolescente mecánico. El hombre mecánico. No cualquier mecánico: mecánico de aviones. 
El hombre ingenioso, el hombre inventor. 
El celoso, pervertido, vicioso. El hombre que maltrataba animales. El hombre que castigaba a sus hijos. 
El hombre que amaba animales. El hombre que amaba a sus hijos. 
El fotógrafo: hace retratos de Inés, su esposa, embarazada, en Nueva York. 




martes, 17 de mayo de 2016

Álbum de familia.

II. El entierro. 




Luis Alfonso era médico y se le conocieron tres mujeres. La primera murió, junto con su primera hija, dando a luz. Él atendió el parto. Con la segunda mujer tuvieron tres hijos Ramón, Graciela y Sofía. Con la tercera se casó cuando esta solo tenía quince años. Era la hija del capataz de una finca en el Sur del Lago de Maracaibo. Él tenía cuarenta. Tuvieron dos hijos: Luis e Inés. 

Pero este no es el entierro de Luis Alfonso. Es el entierro de Ramón. En el Cementerio General del Sur todavía no despojan a los muertos de sus dientes de oro, ni se roban el mármol de los mausoleos. Marcos, con las manos en los bolsillos, suda. Es mediodía, hace calor y el flux de poliéster negro comienza a humedecerse. Olvidó sus lentes de sol en la vieja pickup. Marcos no quiere estar allí, preferiría estar en Catia La Mar en la tasquita de siempre tomándose una cerveza. Ramón se mató en un accidente de carro. Inesita, su hermana, no lo puede creer, mira sobre su hombro el ataúd cubierto de flores. Cuántas coronas de flores aguanta un muerto.

...

Capitulo I: Carmen 

viernes, 29 de agosto de 2014

Cuentos del trabajo. 1. Licenciada en Veterinaria.

-¿Y ese country tan aburrido?- Me pregunta mi jefe mientras suena Bob Dylan en mi puesto de trabajo. Respiro profundo y pongo la mejor de mis caras de hipócrita, porque no tengo sólo una. Exhalo.

-No es country y no es aburrido, es Bob Dylan- trato de disimular mientras sonrío.  Me ignora.

-¿Has escuchado la canción nueva de Don Omar?- dirigiéndose a mi compañera de trabajo. Yo doy gracias porque no me molesten más y continúo leyendo la noticia, por enésima vez en el día, único refugio de mis sentidos. Luego me ordenan, muy diplomáticamente, que me acerque a la estación de trabajo contigua a ver el video de Danza Kuduro.

-Qué espanto- balbuceo. Me miran con cara de culo y siguen ellos ahí, Franklin y Yolyset, embobados con las nalgas en movimiento sinuoso.

Recuerdo hace unos meses, cuando venía el mensajero de mi antiguo trabajo, ataviado con collares hechos por él mismo y sombrero rastafari, a entregar la correspondencia. La buena vibra de esa oficina. Ahora todo es una mierda. Y sí, la paga es mejor, la estabilidad laboral y toda esa paja, pero siento que me pudro en esta silla, en esta computadora, con esta gente. No se puede conversar con nadie, no se puede hablar de cosas medianamente pesadas. La conversación gira en torno a enfermedades o a Ricky Martin y su recién declarada homosexualidad.

Me he dado cuenta de eso, mientras más chimbo es el ambiente laboral, más habla la gente de enfermedades. La semana pasada le extirparon un quiste en el ojo a Yolyset y antes su madre sufrió un aneurisma. Qué duro, pienso, pero pienso poco y sigo tomando café. Es mi tercera taza durante el día. Tomo al menos cinco tazas de café negro y una de café con leche. Trato de usar edulcorante, aunque estudios demuestren que la sacarina es peor que el azúcar y da cáncer y vuelvo a la charla enfermiza sobre enfermedades.

 He engordado unos tres kilos en los últimos tres años. A este ritmo seré obesa en unos veinte años, si no cuento el peso extra de un posible embarazo o dos. Ya lo he pensado, recurrir a la cirugía plástica; digo, porque hay que tener autoestima y todas esas cosas.

No estaría mal estar embarazada, tener una familia, criar a un carajito o dos. Después me enfoco en las posibilidades, en poder darle casa, comida, estudios, en que podría ser drogadicto, prostituta, gay. En que podría ser político, escritor o empresario. Maestro. Músico. Ingeniero. Pero luego vuelvo en mí y en la ladilla que me dio elegir y saber, y creer que uno sabe lo que quiere ser y en que todavía a “estas alturas de mi vida” como diría mi madre, no sé.

Y no, no sé. No sé cómo alguien sabe lo que quiere ser y hacer por el resto de su vida. Yo quería ser veterinaria.


martes, 11 de febrero de 2014

Álbum de familia

I. Carmen.  

La vergüenza no le impidió a Carmen enamorarse de José Bernardo, y viceversa. Desde Alemania, entre los Goering, Bellerman, Moritz, Ferdinand y Appun, llegaron los Lehrmann, cuya descendencia se ubicó entre La Colonia Tovar y La Victoria, dispuestos a construir un nuevo comienzo en el lejano suelo caribeño, cerca de 1843. No es un secreto el fuerte carácter endogámico y la promiscuidad en las relaciones dentro de un grupo étnico que llega a un lugar nuevo y se aísla. –Busca marido dentro de la comunidad -le dijeron a Carmen. Carmen no hizo caso. Carmen se enamoró de José Bernardo, y viceversa. Pero Carmen era víctima de la mycobacterium leprae, como muchos de sus iguales; la lepra era un problema endémico.
No era de mujeres de la época tener amores sin casarse, menos tener estirpe. Menos con lepra. Pero Carmen y José Bernardo son uno solo, se aman, se adoran. Conviven, excluidos de los ojos del mundo, no sólo intercambian fluidos, amor, conversaciones. También bacterias. José Bernardo tiene ahora lepra. 

Carmen la leprosa y su panza fecunda y leprosa, incurable, son enviadas a La Guaira, al leprosorio, al leprocomio, al lazareto por San Lázaro, de Cabo Blanco. Ahí vegeta, deambula, con el niño que crece en su vientre, por los pasillos, entre los mutilados, los brotados, los carcomidos. Ahí nace su hijo, padre de mi padre, a quien no verá más. Marcos es arrebatado a Carmen y puesto bajo cuidado de Benigna, parte por vergüenza, parte por castigo, por puta, por enferma, por amor.
En:  http://rmtfccs.blogspot.com/2014/02/album-de-familia-por-laura-gonzalez.html

jueves, 6 de febrero de 2014

De relatar con la obra para construir la identidad y viceversa.



 
1.      Primero lo primero.

El problema de la identidad del “yo”, que para Descartes fue resuelto con su máxima cogito ergo sum, corresponde para Paul Ricoeur, a lo que él denomina la Teoría Narrativa de la Identidad, bisagra entre la descripción de las acciones y la ética. Así, la identidad es un juego dialéctico entre la mismidad (idem) y la alteridad (ipse): el devenir entre lo mismo y lo otro. Para intentar comprender nuestro accionar, Ricoeur propone la narración de la propia vida, que supone la construcción de la propia identidad como un relato de los acontecimientos vividos, que en definitiva se convertirán en experiencias. Y es en el proceso de relatar, cuando nuestro “yo” constituye un ipse: nos vemos a nosotros mismos en forma de reflexión.

La teoría de la narración sirve entonces como síntesis entre la teoría de la acción y la ética: es en las experiencias, en las que encontramos  la posibilidad de dar una valoración ética a la propia vida. En la medida en que puedo narrar(me), puedo atribuir(me) culpas o absolver(me) de alguna situación. En este punto entra un elemento importante dentro de la teoría ricoeuriana, y es el uso de elementos ficcionales para hilar un relato. La ficción estaría  permitiendo al hombre una especie de desdoblamiento para poder valorarse según los parámetros éticos bajo los cuales vive, de forma tal de reflexionar sobre nosotros mismos desde la alteridad (otredad, ipse), ordenando las experiencias a través de la imaginación. Y con claves como relato, imaginación, alteridad, desdoblamiento, podemos introducir fotografía, retrato, autorretrato.

Sin embargo, es necesario preguntarse si el relato es separable de la vida que lo creó, como preguntarse si la obra, la pintura, la fotografía, son separables del artista de donde surgieron. Cabe decir, que para Ricoeur, la persona es su historia, y en definitiva es el protagonista, autor (guionista) y narrador de su vida. De allí que “El relato construye la identidad del personaje (…) al construir la de la historia narrada”[i] y en fin que la identidad de la historia haga la del personaje en un ciclo sin fin. Sin fin, sinfín.


2.      Si un árbol se cae en un bosque y nadie lo escucha…

Siguiendo a Juan Pablo Castel y a Sábato (en otro contexto obviamente, lo que interesa es la forma) introducimos la segunda parte con este pequeño ejercicio.

La "otredad" es todo aquello que no es "yo"
La soledad coexiste con la otredad
La soledad misma no es posible sin el otro, sin la ausencia del otro
Y el instante de la soledad debe ser legitimado por el otro

Existen algunos agentes que debemos tomar en cuenta en la creación del relato: el otro, las circunstancias en las cuales la obra surge (que podríamos definir tal vez como las experiencias o la historicidad del artista) y por último, la posibilidad que tiene uno mismo de falsear su propia historia.

De la historicidad dependerá nuestro lenguaje al narrar, y por supuesto los lentes a través de los cuales veremos el mundo. Nuestro mundo, no es sólo el mundo en que vivimos, sino también el que decidimos crear para nosotros mismos. Existe, un proceso de selección en el cual establecemos qué es lo que tomaremos para conformarlo, entonces, para poder narrar las experiencias vividas, buscaremos dentro de nuestro propio mundo la forma de creación de la obra final. La historia de una vida, será entonces producto del mundo en el que se desarrolla.

La posibilidad de falsear la propia obra, se nos puede mostrar desde tres puntos de vista, como mínimo. El primero, referido al deseo de justificar moralmente nuestras acciones, esto se nos presenta como una manera de desvinculación con la propia realidad. El segundo, que corresponde a nuestra relación con las otras personas, en tanto que mentimos sobre nuestro relato para engañar, en especie de tácticas maquiavélicas y posiblemente con intereses personales y objetivos destinados a convencer, aunque luego la promesa no sea cumplida. Y por último, porque tenemos problemas psicológicos. Aunque las dos anteriores se podrían resumir en la tercera, con el perdón de los que tienen (tenemos) problemas psicológicos.

En todo caso, lo que nos interesa más en este asunto del propio relato a través de la  creación, es el reconocimiento del otro. Pues si un árbol se cae en un bosque y nadie lo escucha, podríamos discutir acerca de si realmente se ha caído. Que es lo mismo que si tomamos una foto y nadie la ve…

miércoles, 4 de diciembre de 2013

X

La proxémica a veces produce irritación de los cuellos.
Luego la basorexia puede ser el remedio.
O tal vez no.